Cuando el perfeccionismo te hace procrastinar

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Todo se puede mejorar. Ese es un buen lema para enfrentarse a la vida en lo personal y lo profesional. Sin embargo, a veces lo llevamos demasiado lejos. ¿Qué pasa cuando el perfeccionismo no nos deja avanzar? Cuando trabajamos para nuestros clientes, tenemos una fecha de entrega inamovible y sabemos asumir que el proyecto deberá estar listo para entonces con la máxima calidad. Pero si el trabajo es para nosotros, para nuestra propia empresa, las cosas cambian. A veces queremos hacer algo tan original, innovador y absolutamente perfecto que acabamos procrastinando la fecha de lanzamiento indefinidamente. Tanto, que al final puede que ni siquiera hagamos nada.

¿Has formado parte alguna vez de esa espiral de tareas inacabadas? En lo que se refiere, por ejemplo, a la creación de una web para la empresa hay toda una “tribu del posponer”. De hecho, he llegado incluso a ver ese problema en marcas que han externalizado el trabajo y han pagado una buena suma por él. Hay muchas páginas web que se hacen viejas antes de ver la luz.

La pregunta es por qué nos pasa esto, por qué preferimos no hacer nada antes que hacer algo menos perfecto. ¡Ojo! No digo mediocre, tan solo un poco menos perfecto de lo que habíamos previsto en nuestra imaginación. Piénsalo. Yo creo que, en realidad, lo que nos pasa es que tenemos miedo y falta de confianza en nosotros mismos, así que somos bastante duros juzgándonos. ¿No crees?

Tiempo/calidad

Cómo evitar que el perfeccionismo te paralice

Ahora que ya hemos reconocido el problema, hay que ponerle solución y dejar de retrasar constantemente nuestros proyectos con la excusa de mejorarlos. Por eso, vamos a darte cinco consejos para que consigas, por fin, acabar tu web, publicar tu nueva marca, enviar el primer newsletter o cualquier otra tarea inconclusa que te traigas entre manos desde hace tiempo.

  • Cambia el chip. Tu empresa es tan importante como tus clientes. En ocasiones, el error, además de una excesiva corrección, es dejar las tareas de nuestro negocio en un segundo plano. Cuando hagas eso, recuerda que a largo plazo solo podrás ganar más clientes si eres capaz de cuidar tu propia empresa.
  • “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Los refranes siempre tienen razón. Cuando organices tu agenda diaria, deja espacio para los proyectos de tu negocio y cumple con ese tiempo que te has marcado. Si empiezas a posponerlo antes de empezar, difícilmente llegarás a verlo materializado.
  • Fija una fecha de finalización inamovible. Si cumples con los plazos de entrega que te marcan tus clientes, muchas veces casi surrealistas, ¿por qué no hacerlo con que establezcas tú mismo? Comprométete, tómatelo en serio y fija un día de lanzamiento para cada una de tus tareas. Cuando tenemos una meta que alcanzar somos más productivos.  
  • Primero acaba el trabajo; después, revísalo. La inseguridad nos lleva a supervisar constantemente lo que hacemos y eso retrasa el trabajo. Lo más aconsejable es que en primer lugar te centres en acabar la tarea y, en segundo lugar, la revises minuciosamente. Así harás todos los cambios de una sola vez. Por ejemplo, si te has propuesto publicar una nueva entrada en el blog, escríbela de una sola vez. Cuando hayas acabado, léela atentamente y corrige todo lo que sea necesario.
  • Sé valiente. Necesitas confiar en ti. Está bien que busques la perfección en tus proyectos. Esfuérzate y hazlo siempre lo mejor posible, pero aprende también a reconocer tus éxitos. Siéntete orgulloso de tus buenos trabajos y, sobre todo, pierde el miedo. Todo tiene solución: si algo te sale mal, siempre puedes volver atrás y cambiar las cosas.
Nuria Molina
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