Emprender después de los 40: ¿cobrar o no cobrar a amigos y familiares?

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Si hay algo que incomode y escueza en los inicios (y a veces durante bastante tiempo…) a cualquier emprendedor que venda sus propios servicios, es el tema de poner precio a lo que uno hace. Especialmente cuando estamos hablando de servicios que van encaminados al bienestar, la salud, el desarrollo personal, etc. Es como si la palabra “ayuda” tuviera llevar el apellido de “gratis”.

En primer lugar decir que la ayuda puede ser gratis o no y lo que no puedes ser jamás es una ONG porque eso va en detrimento de tu propia valía como profesional. Entras en un círculo vicioso en el que acabas dando cada vez más por menos y el resultado es que la gente cada vez te exige más y no está dispuesta a pagar porque se han acostumbrado a lo gratis. Dicho de otra manera, atraes a un tipo de cliente que no es rentable y que tiene tendencia a poner poco de su parte incluso para aprovechar al 100% lo que le ofreces. Podríamos decir que acomodas a tus clientes y en servicios que tienen que ver con la mejora personal tanto física como emocional es lo peor que te puede pasar porque para que lo que haces funcione y dé resultados es necesario el compromiso de tu cliente.

Resumiendo, no cobrar lo que mereces menoscaba poco a poco tu autoestima y como me decía una de mis mentoras, que tú estés en bancarrota no ayuda a nadie. Al final de lo que se trata es de ayudar a los demás a salir del pozo lanzándoles una cuerda y que sean ellos quienes se agarren a ella y tú tirar desde arriba, pero jamás ayudarles bajándote al pozo para empujarles y que suban. Mal apaño hacemos…

Cómo salir de ese círculo vicioso te lo cuento en mi artículo Cómo pasar de lo gratis a cobrar en 4 sencillos pasos. Ahora bien, la cosa se complica cuando hablamos de cobrar o no a amigos y familiares. Los lazos afectivos que tenemos con las personas nos condicionan inevitablemente a la hora de cobrar por lo que hacemos y siempre surge la duda… ¿les cobro? ¿No les cobro?

Aquí te explico una serie de pasos con sus argumentos correspondientes para ayudarte a decidir qué hacer sin sentirte incómodo y poner en valor tu trabajo al mismo tiempo.

Haz una lista por grados de afectividad

Amigos y familiares podríamos decir que es un “nicho de mercado” demasiado amplio. Dicho de otra manera no es lo mismo tener de cliente a un amigo del que hace siglos que no sabes nada de él que a tu madre, tu padre o tus hermanos. Por lo tanto de lo que se trata es que hagas una lista de mayor grado de afectividad a menos.

Haz una para familiares y otra diferente para amigos. Seamos sinceros, hay familiares con los que apenas tienes relación y el lazo afectivo es pequeño y sin embargo puedes tener amigos que sean para ti como un hermano.

Haz esta lista sobre todo desde lo que sientes tú por esas personas, no desde los códigos o condicionantes de la familia. Sé honesto contigo mismo.

Decide dónde pones el límite

Una vez que tengas las listas decide hasta qué grado de afectividad en cada caso vas a cobrar. Siéntete cómodo con tu decisión. Olvídate en este punto de cuánto le vas a cobrar, simplemente decide quién va a pagar y quién no.

A la hora de tomar esa decisión te recomiendo dos cosas:

  • No vivas el cobro como un castigo, es decir, no lo hagas en plan “a éste se la tengo jurada desde aquello que me hizo y le voy a cobrar el doble”. Eso es ir en contra de la energía del dinero, una energía de abundancia e intercambio satisfactorio.
  • No te cargues con compromisos de otros. Ejemplo típico, que le hagas el trabajo gratis a un amigo de tu padre porque tu padre te lo pide. Eso en el fondo es una forma de chantaje y no deberías transigir. Como digo, los compromisos de los demás no son los tuyos y a nuestros progenitores muchas veces es a quienes más límites hay que poner cuando somos adultos. Se trata de ser libres y elegir cómo queremos que sean nuestras propias vidas y no vivir las vidas que ellos nos marcan.

Haz tu plan de precios

Una vez tienes decidido a quién cobrar y a quién no haz tu plan de precios. Por ejemplo, a ciertos amigos a lo mejor lo que haces es una rebaja y a otros sin embargo mantienes el precio como a cualquier otro cliente. En cualquier caso la rebaja que pudieras hacer que sea de tal manera que no te sientas incómodo por realizar el trabajo y cobrar menos. Se trata de que las rebajas que pudieras hacer en el precio a determinadas personas las hagas porque te apetece, porque lo sientes, porque te sale de dentro, pero nunca por obligación o por quedar bien. De primeras puede que te sientas más o menos bien pero a la larga es muy probable que te arrepientas y luego te cueste mucho más trabajo poner un nuevo límite y saber poner límites es garantía de éxito.

Mantente firme

Este es el punto más difícil. Mantenerte firme. Evidentemente siempre puedes hacer ajustes al alza o a la baja según vayas viendo y te vayas sintiendo pero ante cualquier decisión relacionada con poner tus límites, tómala en función de lo que te hace feliz y no en función de lo que te hace sentir cómodo. Esa comodidad es como la china en el zapato que vas moviendo el pie para que vaya cambiando de sitio y no te haga daño, y a la que te mueves un poco vuelves a sentirla. No te hagas trampas a ti mismo en el solitario 😉

CONCLUSIÓN

Mucho se dice al que tiene un negocio aquello de “ten un detalle con los amigos y haznos una rebaja” como si fuera una obligación. Dale la vuelta a la tortilla. Emprender un negocio requiere mucho esfuerzo, gastos y dedicación. Por lo tanto, los buenos amigos deberían valorar tu trabajo, pagar por ello como cualquier cliente y si lo que haces es bueno, ayudarte a darle difusión a tu negocio. En cualquier situación en la que hay un intercambio de servicios y dinero es importante ser objetivos y tener la capacidad de ver quién se aprovecha de quién. ¿El que cobra por lo que hace o el que quiere que le den las cosas gratis porque sí sin dar nada a cambio? Se abre el debate ;-). Deja tu opinión en los comentarios…

Por último, te invito a que visites mi web y accedas a mi seminario gratuito Los 13 errores que no debes cometer y cómo evitarlos para emprender con éxito después de los 40, donde recojo una buena parte de lo vivido cuando empecé a emprender y de lo que tú también puedes aprender y empezar a ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo desde el minuto cero.

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Un Comentario en Emprender después de los 40: ¿cobrar o no cobrar a amigos y familiares?

  1. Luis dijo:

    Gracias Azucena.

    Algo importante es el valor que damos a nuestro trabajo y a nosotr@s mism@s, que debe ser transmitido a quienes ayudemos. El no cobrar hace que quien recibe la ayuda no «sufra» la contraprestación y devalúe su percepción de valor, mientras que aquel que paga piensa: «uf, no puedo dejar de actuar en esta línea porque ya me he gastado tanto».
    Y ese sentimiento de «no derrochar» hará que se ponga seri@ y actúe, con lo que nuestra ayuda será mucho más eficaz y habrá menos casos de abandono.
    Saludos